Concurso de relatos en Valladolid

Ganador del concurso de relatos de La Tetera

Concurso de relatos en ValladolidParticipa en nuestro concurso de relatos en Valladolid. El ganador se llevará atractivos premios

Hoy anunciamos el ganad@r de nuestro primer concurso de relatos. El tema del relato era TÉ! Nuestra ganadora ha sido Marta Veiga Ayala y aquí os presentamos su relato.

Marta, ¡felicidades! Cuando quieras, a partir del martes, 30 de abril, podrás pasarte por la tienda de López Gómez para recoger tú premio!

Relato ganador:

Las calles huelen a cansancio. Sus aceras, después de un inmortal día de trabajo, me invitan ya a regresar. Las luces de los coches revelan que vuelven a casa. Y el agotamiento de la ciudad, respira ansiedad. Rebusco unas llaves que desde hace horas se perdieron en el bolso. Al final, ahí están, esperándome pacientes. Cierro la puerta tras de mi, y la oscuridad me da la bienvenida. La atmósfera de la cocina destila impaciencia, me está retando. Me está esperando. Me adentro en ella y caliento agua en la tetera. Mientras, enciendo unas velas que dormían desde ayer en el mueble del baño. Me desnudo ante el espejo y, en él, veo reflejada mi ropa que descansa revoltosa en el suelo. El sonido del agua llegando a su punto máximo de ebullición, me revela que va a empezar mi ritual. Sirvo el agua de textura ardiente en mi taza, donde unas hojas de té se mezclan incondicionalmente. Ambos, se fusionan en un solo placer, se unen bajo un mismo son. El aroma que desprende esa taza es indescriptible. Mi mano posee el tazón y, junto con él, me vuelvo ajena al mundo. Una ráfaga de incienso me guía hasta las velas. Ahí, una bañera vestida de espuma blanca me espera. Lentamente, me adentro en un mar de calma, en unas burbujas de vida. Mi cuerpo, queda sumergido en la serenidad de todo aquel rocío, mi cabeza y mis brazos en el aire que respiro. Ese equilibrio se convierte en magia. Mientras, el agua acuna mi piel. El vapor que se escapa de mi taza es la esencia de este instante. Mis labios se acercan a ella y su aroma acaricia mi boca. Su gusto satisface mis sentidos, y el sabor de aquella infusión se deshace en segundos. Siento cómo se desliza por mi cuello, saboreándolo en su estado más puro. En pocos minutos mi taza está vacía. La dejo descansar sobre una alfombra de baldosas. Sumerjo mi cabeza junto con el resto de mi cuerpo. Las velas resplandecen en mitad de la oscuridad. La espuma me cubre totalmente. Y el té, mi placer más esperado del día, ha pasado a formar parte de mi alma tranquila. Ella lo sabe, la noche lo sabe y yo, también. La armonía del té me invade. Él me calma. Cuántos problemas borrados de mi mente tras sus sorbos. Bendigo este bálsamo natural. El té se ha unido a mi espíritu sosegado. Y la Luna, testigo de esta noche tranquila, es quien cubre, durante unos minutos, mi efímera eternidad.